Jesús Resuelve el Mayor Problema de la Vida (Juan 11)


Jesús Resuelve el Mayor Problema de la Vida

Juan 11

Abran sus Biblias a Juan 11. Esta mañana nos vamos a desviar de nuestro estudio en 2 Pedro, ya que Chris y Jean están en Hawái celebrando el Día de Acción de Gracias, obteniendo algo de descanso y relajación y pasando tiempo con la familia.

Mi nombre es Shawn Farrell y sirvo como pastor universitario aquí en FBC. No estoy seguro si estás al tanto, hay un grupo próspero de universitarios, de 50 a 60 que se reúnen cada semana. Qué hacer con las personas en edad universitaria es un dilema para muchas iglesias. Están en un estado de transición después de la escuela secundaria, aún no están casados, no se ajustan a ninguno de los ministerios existentes, no dan, y a menudo no hay mucho para ellos. Qué gran bendición es tener un ministerio universitario próspero de jóvenes de 18 a 24 años que están siendo discipulados y entrenados como la próxima generación de líderes en la iglesia.

Tenemos un núcleo de servicio al personal que dirige, predica, y sirve al Señor. Desde el ministerio universitario, algunos van a servir en el ministerio de secundaria o preparatoria, otros al Centro de Capacitación, y muchos sirven aquí los Domingos por la mañana. Nuestro propósito es ayudar a los estudiantes universitarios a conocer a Jesucristo y la estamos pasando bien. Oren por nosotros mientras buscamos impactar a los colegiales por Cristo.

Recientemente, nuestro ministerio universitario estudió a través del evangelio de Juan y el capítulo 11 es uno de los aspectos más destacados. El tema de todo el libro se encuentra en el versículo 20:31. “Pero estas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios; y para que al creer, tengáis vida en Su nombre,” – podríamos decir al saber y creer. Leamos nuestro texto juntos. Esto es bastante largo, pero nos dará un buen punto de partida. Ponganse su cinturón de seguridad.

“Y estaba enfermo cierto hombre llamado Lázaro, de Betania, la aldea de María y de su hermana Marta. 2 María, cuyo hermano Lázaro estaba enfermo, fue la que ungió al Señor con perfume y le secó los pies con sus cabellos. 3 Las hermanas entonces mandaron a decir a Jesús: Señor, mira, el que Tú amas está enfermo. 4 Cuando Jesús lo oyó, dijo: Esta enfermedad no es para muerte, sino para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por medio de ella. 5 Y Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro. 6 Cuando oyó, pues, que Lázaro estaba enfermo, entonces Se quedó dos días más en el lugar donde estaba. 7 Luego, después de esto, dijo a Sus discípulos: Vamos de nuevo a Judea. 8 Los discípulos le dijeron: Rabí, hace poco que los judíos procuraban apedrearte, ¿y vas otra vez allá? 9 Jesús respondió: ¿No hay doce horas en el día? Si alguno anda de día no tropieza, porque ve la luz de este mundo. 10 Pero si alguno anda de noche, tropieza, porque la luz no está en él. 11 Dijo esto, y después de esto añadió: Nuestro amigo Lázaro se ha dormido; pero voy a despertarlo. 12 Los discípulos entonces le dijeron: Señor, si se ha dormido, se recuperará. 13 Pero Jesús había hablado de la muerte de Lázaro, mas ellos creyeron que hablaba literalmente del sueño. 14 Entonces Jesús, por eso, les dijo claramente: Lázaro ha muerto; 15 y por causa de vosotros Me alegro de no haber estado allí, para que creáis; pero vamos a donde está él. 16 Tomás, llamado el Dídimo, dijo entonces a Sus condiscípulos: Vamos nosotros también para morir con Él. 17 Llegó, pues, Jesús y halló que ya hacía cuatro días que estaba en el sepulcro. 18 Betania estaba cerca de Jerusalén, como a tres kilómetros; 19 y muchos de los judíos habían venido a casa de Marta y María, para consolarlas por la muerte de su hermano. 20 Entonces Marta, cuando oyó que Jesús venía, fue a su encuentro, pero María se quedó sentada en casa. 21 Y Marta dijo a Jesús: Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto. 22 Aun ahora, yo sé que todo lo que pidas a Dios, Dios Te lo concederá. 23 Jesús le dijo: Tu hermano resucitará. 24 Marta le contestó: Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día final. 25 Jesús le dijo: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en Mí, aunque muera, vivirá, 26 y todo el que vive y cree en Mí, no morirá jamás. ¿Crees esto? 27 Ella le dijo: Sí, Señor; yo he creído que Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que viene al mundo. 28 Y habiendo dicho esto, se fue y llamó a su hermana María, diciéndole en secreto: El Maestro está aquí, y Te llama. 29 Tan pronto como ella lo oyó, se levantó rápidamente y fue hacia Él. 30 Pues Jesús aún no había entrado en la aldea, sino que todavía estaba en el lugar donde Marta le había encontrado. 31 Entonces los judíos que estaban con ella en la casa consolándola, cuando vieron que María se levantó de prisa y salió, la siguieron, suponiendo que iba al sepulcro a llorar allí. 32 Cuando María llegó adonde estaba Jesús, al verle, se arrojó entonces a Sus pies, diciéndole: Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto. 33 Y cuando Jesús la vio llorando, y a los judíos que vinieron con ella llorando también, Se conmovió profundamente en el espíritu, y Se entristeció, 34 y dijo: ¿Dónde lo pusisteis? Le dijeron: Señor, ven y ve. 35 Jesús lloró. 36 Por eso los judíos decían: Mirad, cómo lo amaba. 37 Pero algunos de ellos dijeron: ¿No podía este, que abrió los ojos del ciego, haber evitado también que Lázaro muriera? 38 Entonces Jesús, de nuevo profundamente conmovido en Su interior, fue al sepulcro. Era una cueva, y tenía una piedra puesta sobre ella. 39 Jesús dijo: Quitad la piedra. Marta, hermana del que había muerto, le dijo: Señor, ya hiede, porque hace cuatro días que murió. 40 Jesús le dijo: ¿No te dije que si crees, verás la gloria de Dios? 41 Entonces quitaron la piedra. Jesús alzó los ojos a lo alto, y dijo: Padre, Te doy gracias porque Me has oído. 42 Yo sabía que siempre Me oyes; pero lo dije por causa de la multitud que Me rodea, para que crean que Tú Me has enviado. 43 Habiendo dicho esto, gritó con fuerte voz: ¡Lázaro, ven fuera! 44 Y el que había muerto salió, los pies y las manos atados con vendas, y el rostro envuelto en un sudario. Jesús les dijo: Desatadlo, y dejadlo ir. 45 Por esto muchos de los judíos que habían venido a ver a María, y vieron lo que Jesús había hecho, creyeron en Él. 46 Pero algunos de ellos fueron a los fariseos y les contaron lo que Jesús había hecho. 47 Entonces los principales sacerdotes y los fariseos convocaron un concilio, y decían: ¿Qué hacemos? Porque este hombre hace muchas señales. 48 Si le dejamos seguir así, todos van a creer en Él, y los romanos vendrán y nos quitarán nuestro lugar y nuestra nación. 49 Pero uno de ellos, Caifás, que era sumo sacerdote ese año, les dijo: Vosotros no sabéis nada, 50 ni tenéis en cuenta que os es más conveniente que un hombre muera por el pueblo, y no que toda la nación perezca. 51 Ahora bien, no dijo esto de su propia iniciativa, sino que siendo el sumo sacerdote ese año, profetizó que Jesús iba a morir por la nación; 52 y no solo por la nación, sino también para reunir en uno a los hijos de Dios que están esparcidos. 53 Así que, desde ese día planearon entre sí para matarle.” (Juan 11:1 al 53).

Vas a morir. Tómate un momento para dejar que eso decantare. Vas a morir. Una mañana saldrá el sol y no lo verás. Las aves saludarán el nuevo día con sus canciones y no las escucharás. Tus amigos y familiares se reunirán para celebrar tu vida y luego pondrán tu cuerpo en el suelo. El mundo se detendrá brevemente para recordarte, pero luego continuará sin ti.

Santiago 4:14, “Solo sois un vapor que aparece por un poco de tiempo y luego se desvanece.” Eclesiastés 8:8, “No hay hombre que tenga potestad para refrenar el viento con el viento, ni potestad sobre el día de la muerte.”

Vas a morir. Qué pensamiento aplastante, desesperado, y pesado. Lo sacamos de nuestras mentes, fingiendo que nunca nos sucederá. Hacemos grandes esfuerzos para asegurarnos de que maximizaremos el tiempo que vivimos, pero en última instancia, todo es en vano. Incluso los mayores avances médicos solo pueden, en el mejor de los casos, posponer la muerte.

Lo que sucede después de la muerte es un foco principal en muchas religiones mundiales. Los antiguos egipcios, por ejemplo, creían en la resurrección y la inmortalidad. De acuerdo con esto, se insertó un escarabajo en lugar del corazón del cadáver, porque la larva de un escarabajo se entierra en la tierra antes de emerger como un insecto maduro, que simboliza la resurrección en la religión egipcia. Cuando el ex presidente, John Quincy Adams sufrió un derrame cerebral, dijo: “Habito en una vivienda débil, frágil y deteriorada; maltratada por los vientos e interrumpida por las tormentas, y por todo lo que puedo aprender, el propietario no tiene la intención de reparar.”

Solo hay dos personas que nunca han muerto: Enoc y Elías. Hay un puñado de personas que murieron dos veces. La Biblia registra algunas resurrecciones de los muertos, como el hijo de la viuda en los días de Elías, o el Apóstol Pablo que fue apedreado y resucitó en Hechos 14, solo para ser decapitado por Nerón. La realidad es que desde la caída, la muerte es parte de la vida. Es el gran enemigo que todos los hijos de Adán e hijas de Eva deben enfrentar. Es la última batalla, el valle de la sombra de la muerte, el rey de los terrores, la última llamada. Es lo que nos lleva a la eternidad, de pie entre esta vida y la próxima.

En muchos sentidos, no tomamos la muerte lo suficientemente en serio. Pero si la muerte no fuera gran cosa, entonces no habría razón para ser cristiano. En esencia, el cristianismo trata estos temas. De hecho, podríamos decir que Jesús es la solución al mayor problema de la vida, porque ha vencido la muerte. Murió y resucitó para vencer los terrores del pecado y la muerte. Minimizarlos es minimizar el sacrificio de Cristo que los conquistó. Es posible que puedas superar esta vida sin ayuda, pero superar la muerte requiere un acto de Dios.

En el pasaje que tenemos ante nosotros esta mañana, veremos tanto la muerte como la resurrección de un hombre llamado Lázaro. Estaremos expuestos a la realidad que hay una, y solo una, forma en que podemos ser liberados del poder de la muerte, y eso es a través de Cristo. Veremos que Lázaro es una imagen del estado de cada hombre y mujer. Porque cada hombre y cada mujer está muerto en pecado y necesita a Cristo para darles vida. Mi esperanza es que a medida que se revele el Salvador, llegarías a amarlo y apreciarlo aún más por conquistar la muerte. Si aún no eres cristiano, entonces esperamos que entiendas lo que Cristo ha hecho por ti y que te unirías a Él en la victoria sobre la muerte. Vamos a sumergirnos y ver cómo Jesús resuelve el mayor problema de la vida.

1. Jesús es Soberano sobre tus Sufrimientos. Versículos 1 al 16

Mira el versículo 1, “Y estaba enfermo cierto hombre llamado Lázaro, de Betania, la aldea de María y de su hermana Marta.” Juan nos presenta a Lázaro y podemos echar un vistazo a su vida. Es el hermano de María y Marta. Viven en Betania, a unas dos millas de Jerusalén y su hogar era un refugio para Jesús cuando estaba en la ciudad. Lázaro era relativamente conocido y respetado, porque cuando murió, dice en el versículo 19, muchos de los judíos habían venido a Marta y a María para consolarlos.

Los versículos 3 y 5 nos dicen que Jesús amaba a Lázaro y el versículo 11 nos dice que él era amigo de Jesús, lo cual es genial. Mira hacia atrás en el versículo 3, de modo que las hermanas le enviaron un mensaje diciendo: “Señor, he aquí, el que amas está enfermo.” Tómate un momento para apreciar que vivieron en un día en que no había antibióticos ni medicamentos verdaderos. La capacidad de combatir bacterias, virus, fiebre, e infección no se entendía. La penicilina, el primer antibiótico, se descubrió en 1928. Antes de ese momento, la fiebre y la plaga podían propagarse en un pueblo, una ciudad, o incluso una nación, diezmando a las personas a su paso. La enfermedad en cualquier nivel era grave, y aquí envían por Jesús porque Lázaro se está muriendo.

Y la pregunta que rápidamente viene a mi mente es, ¿por qué Jesús no lo sanó? Ciertamente había demostrado que tenía el poder para hacerlo. Había curado a los paralíticos, había abierto los oídos sordos y abierto los ojos ciegos. Había alimentado a 5.000 personas con nada más que un almuerzo de saco, y había caminado sobre el agua como si fuera tierra firme. Los demonios obedecieron Su orden, al igual que el viento y las olas. Poder irradiaba de Él. En el evangelio de Marcos, una mujer que había sufrido una hemorragia durante 12 años fue sanada con solo tocar Su capa. En Juan 5, sanó al hijo de un noble desde una gran distancia, simplemente diciendo: “Sigue tu camino, tu hijo vive”.

Ciertamente, también podría haber sanado a Lázaro con una palabra. Mira el versículo 6: “Cuando oyó, pues, que Lázaro estaba enfermo, entonces Se quedó dos días más en el lugar donde estaba.” Decide no sanar a Lázaro. Le permite a Lázaro estar enfermo, experimentar dolor, sufrir, languidecer, e incluso morir. A primera vista, parece fuera de lugar que aunque Jesús ama a este hombre, sin embargo, le permite sufrir.

Quizás esto te toque la fibra sensible. Eres cristiano, uno que ha comprometido su vida a Cristo, y eres un hijo de Dios. Amas a Dios y Él te ama a ti. Y, sin embargo, como Lázaro, tú también estás sufriendo. Te duele y experimentas dolor y pérdida. Estás buscando a Dios a través de tus lágrimas, pero Él parece haberte abandonado. Y comienzas a preguntar: “¿Dónde está Dios en mi prueba? ¿Él escucha mis oraciones? Si Él me ama, ¿por qué me duele tanto?” Estas son las mismas preguntas que enfrentó a esta familia cuando Lázaro va de mal en peor y Jesús no hace nada. Tiene el poder de salvar pero elige no hacerlo, ¿por qué no?

Jesús responde en el versículo 4. “Esta enfermedad no es para muerte, sino para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por medio de ella.” Esta enfermedad es para la gloria de Dios. Es de acuerdo a Sus propósitos. “Al pasar Jesús, vio a un hombre ciego de nacimiento. Y Sus discípulos le preguntaron, diciendo: Rabí, ¿quién pecó, este o sus padres, para que naciera ciego? Jesús respondió: Ni este pecó, ni sus padres; sino que está ciego para que las obras de Dios se manifiesten en él.” (Juan 9:1 al 3). “Y el Señor le dijo: ¿Quién ha hecho la boca del hombre? ¿O quién hace al hombre mudo o sordo, con vista o ciego? ¿No soy Yo, el Señor?” (Éxodo 4:11).

Dios es soberano. Él controla todas las cosas. Él está trabajando todas las cosas juntas para Su gloria. Él no comete errores. Todo tu sufrimiento, dolor, enfermedad, e incluso la muerte es parte del plan de Dios para ti y todo para Su gloria. Y como sus hijos, podemos descansar en el hecho de que todo es para nuestro bien. Luchamos con esto y cuestionamos a Dios cuando sufrimos o cuando alguien cercano a nosotros muere, pero debemos poner en perspectiva que no somos Dios, Él lo es. Nosotros no controlamos nuestras vidas, Él lo hace. En última instancia, no tenemos autoridad, le pertenece a Él.

“Ved ahora que Yo, Yo soy el Señor, y fuera de Mí no hay dios. Yo hago morir y hago vivir.
Yo hiero y Yo sano, y no hay quien pueda librar de Mi mano.” (Deuteronomio 32:39). “El Señor dio y el Señor quitó; bendito sea el nombre del Señor.” (Job 1:21). “Y sabemos que para los que aman a Dios, todas las cosas cooperan para bien, esto es, para los que son llamados conforme a Su propósito.” (Romanos 8:28).

Amigo, ¿estás en apuros? Dirige tu corazón a Dios y confía en Su corazón sabio y amable. Reorientate a la luz de Su gloria y gracia. Él tiene tu vida en Su mano. Su plan es perfecto. El salmista nos dice que dejemos de luchar y sepamos que Él es Dios.

Cuando Jonathan Edwards, el gran pastor, teólogo, y padre de once murió inesperadamente de una vacuna contra la viruela, su esposa escribió estas palabras: “¿Qué debo decir? Un Dios santo y bueno nos ha cubierto con una nube oscura. ¡Oh, que podamos besar la vara y poner nuestras manos en la boca! El Señor lo ha hecho … Pero mi Dios vive; y Él tiene mi corazón.” En tu futuro inseguro, en tu dolencia física, en tu depresión espiritual, en tu dolor solitario, aprende a confiar en el Dios que te ama con un amor que nunca se detiene, que nunca se rinde, que no se rompe, amor de siempre y para siempre .

Escuché a un pastor contar la historia de un amigo suyo cuyo prometida murió días antes de su boda en un accidente automovilístico. Él había volado a su ciudad natal para la boda, pero terminó en su funeral. Sentado en el avión unos días después, miró por la ventana la lluvia que caía sobre la pista y comentó que el clima reflejaba el estado de su corazón: sombrío, tormentoso, melancólico, y oscuro.

Luego el avión despegó y trepando a través de las nubes emergió hacia el brillo del sol de la mañana. Los cielos eran azules, el aire estaba despejado y el sol brillaba con fuerza, y en ese momento le dió, que solo vemos la perspectiva humana del sufrimiento. Vemos y experimentamos la tormenta, pero Dios está por encima de las nubes y existe en perfecta claridad, en el brillo de Su gloria, trabajando todas las cosas de acuerdo con Su plan.

No te equivoques, Dios te ama, pero eso no significa que Él eliminará todos los obstáculos de tu vida y hará que todo sea perfecto. Él usará pruebas para fortalecerte, perfeccionarte, desafiarte, y hacerte depender más de Él, y todo para Su gloria. Jesús es soberano sobre tu sufrimiento.

2. Jesús es Suficiente para tu Salvación. Versículos 17 al 27

Encontramos del versículo 14 que Lázaro ha muerto. El funeral ya ha tenido lugar y la familia y los amigos cercanos están reunidos alrededor de luto. Y aquí, cuatro días después, Jesús entra en Betania y llama a María y Marta. Cuando llega Marta, dice en el versículo 21: “Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto.”

Esto no pretende ser una reprimenda, sino que es una expresión de su fe, mezclada con dolor. Ella lo vio sanar, sabía de Su poder. Curar a su hermano no habría sido un problema, pero, por desgracia, era demasiado tarde. Esto es real. Lázaro realmente murió. Esta no era una historia bíblica para Marta. Apenas podía mantener la compostura y está en presencia del Único que podría haberlo salvado.

“Aun ahora, yo sé que todo lo que pidas a Dios, Dios Te lo concederá.” (versículo 22). Ella sabía que Él tenía una relación especial con Dios y que a través de Sus oraciones, algo bueno podría salir de esto. Pero ella ni siquiera imaginó que Él podría resucitar a Lázaro de la muerte. Jesús dice en el versículo 23: “Tu hermano resucitará,” lo que significa que lo resucitaré de la muerte de inmediato. Pero ella no entendió el punto y asumió que Jesús estaba hablando en un sentido escatológico, versículo 24: “Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día final.”

Pero Jesús no estaba hablando del último día. No estaba hablando de una hora futura. Estaba hablando de ese día y se refería a esa hora. Y así, Él se revela a ella en mayor plenitud. Versículo 25, “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en Mí, aunque muera, vivirá, y todo el que vive y cree en Mí, no morirá jamás.”

Vemos cuatro aspectos de la salvación en los versículos 25 al 26.

La Fuente de la Salvación.

“Yo soy la resurrección y la vida,” versículo 25.

La vida de cada cristiano es Cristo. Él despierta el corazón frío y muerto que está dañado por el pecado. Él lo resucita de su estado muerto, dándole vida. De la misma manera que un médico toma el desfibrilador y dice: “Claro”, antes de devolverle la vida a un hombre muerto, entonces Cristo, por Su propio poder, da vida a nuestros corazones espirituales. Cuando viene a nosotros, vivimos.


Juan 1:4 dice que “en Él estaba la vida.” Juan 14:6 dice que Jesús es “el camino, y la verdad, y la vida.” Colosenses 3:4 dice que “Cristo es nuestra vida.” Y en Juan 14:19 Jesús dice: “porque Yo vivo, vosotros también viviréis.” Él es la fuente de donde fluye toda la vida. Y no tenemos ni una onza de vida aparte de la obra soberana de Cristo en nosotros.

Escucha lo que dice J.C. Ryle de este versículo. Refiriéndose a Cristo, “Soy el gran vencedor de la muerte … Soy el gran Manantial y Fuente de toda vida, y cualquier vida que tenga, eterna, espiritual, física, Me la debe todo. Todo lo que se levanta de la tumba será levantado por Mí. Separado de Mí no hay vida en absoluto. La muerte vino de Adán: la vida viene de Mí “.

La Promesa de la Salvación.

“Aunque muera, vivirá,” versículo 25.

La promesa aquí es que incluso cuando mueras, vivirás. Cuando un cristiano muere, no está en la tumba, está para siempre con el Señor. No está en el purgatorio o en un lugar de sueño inconsciente del alma: está en casa en el Paraíso. Spurgeon dijo: “La muerte no puede matar a un creyente, ¡solo puede llevarlo a una forma de vida más libre!”

Tan seguro como la tumba no pudo retener a Cristo, todos los que vienen a Cristo en fe vivirán. Y Jesús dice en el versículo 26: “todo el que vive y cree en Mí, no morirá jamás.” Esto obviamente no se refiere a la muerte física, ya que eso no tendría sentido. El punto es que la vida eterna no puede ser extinguida por la muerte física. Y así, como cristianos, podemos decir con confianza, 1 Corintios 15:55: “¿Dónde está, oh muerte, tu victoria? ¿Dónde, oh sepulcro, tu aguijón?”

Los Medios de la Salvacion.

Según el versículo 25, llegan a aquellos que creen en Mí: la fe es el medio de la salvación. Una y otra vez, el tema de la creencia aparece en el evangelio de Juan: 98 veces en este libro, ocho veces solo en este capítulo. Nota que Él no dice: “El que me ama,” a pesar de que es el gran mandamiento, ese no es el portal a través del cual se da la salvación. Ten en cuenta que Él no dice: “El que me sirve,” aunque todos los que están en Cristo desearán servirle. Ni siquiera dice: “El que me imita.” Dice: “El que cree en Mí.”

El que ha venido a Mí en fe con un corazón de humildad, en plena dependencia, sin ninguna de sus propias habilidades o esfuerzos. eE la simple comprensión de que no hay nada que puedas hacer para agradar a Dios, sino que debes clamar a Él por la misericordia.

“El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que no obedece al Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios permanece sobre él.” (Juan 3:36).

El Alcance de la Salvación.

Esta oferta de salvación se extiende a todos los que respondan. ¿Ves el versículo 25, “el que cree” y “todos los que creen” en el versículo 26? La oferta se hace a todos los hijos e hijas de Adán arruinados por la caída. Todos los que están bajo el poder del pecado. Todos los que se han rebelado contra Dios y enfrentan la pena del pecado, que es la muerte.


Romanos 10:13 dice: “Todo aquel que invoque el Nombre del Señor será salvo,” aunque el peso de tu pecado y la culpa de tu pasado te paralizen, aunque te sientas indigno, aunque pienses que Dios nunca te aceptaría porque lo has rechazado por tanto tiempo. Escucha las palabras del gracioso Salvador. Él te invita a venir. Ofrece perdón, limpieza, y esperanza como un regalo gratis para todos los que creen. No hay otra condición, no hay trabajo que primero se deba hacer. Simplemente ven a Él y cree.

Él viene a ti esta mañana y, como Lázaro, quiere despertar tu corazón muerto y sin vida. Él quiere restaurarte y llevarte a una relación con Él. Es un Salvador amoroso y misericordioso que ya ha sufrido los dolores de la muerte, que ya ha llevado el peso del pecado. Él está hoy listo para recibirte, lavarte, y hacerte Suyo. Oh, ¿no vendrás a buscar descanso para tu alma? Deja de correr, deja de pelear, deja de fingir, y ven al Dador de la vida para que puedas encontrar la paz.

Al final del versículo 26, Jesús le preguntó a Marta: “¿Crees esto?” Y su respuesta es asombrosa. “Sí, Señor; yo he creído que Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que viene al mundo.” Podemos criticarla por servir, cuando debería haber estado a los pies de Cristo, pero ella le dió en el clavo. Esta es su confesión. Este es su corazón. Jesús es suficiente para su salvación y Él es suficiente para la tuya.

3. Jesús Simpatiza con tus Penas. Versículos 28 a 37

En el versículo 32, Jesús se encuentra con María. Apenas puede mantener su compostura, y al ver a Cristo reabrir la herida y una oleada de emoción se derrama, mientras comienza a llorar una vez más. Su tristeza tiene un efecto en Jesús. Vemos aquí dos palabras diferentes que se usan para describir sus emociones. Estos tienen significados muy diferentes y me gustaría exponer lo que creo que esto nos está enseñando.

La primera está en el versículo 33 y la llamaremos. . .

Indignación Justa.

Mire el versículo 33, dice: “Se conmovió profundamente en el espíritu, y Se entristeció.” Jesús estaba profundamente conmovido. Él siente este dolor. Pero curiosamente, la palabra “conmovido profundamente” se usó para describir el resoplido de un caballo y tuvo la idea de indignación. Incluye la connotación de ira, furia, o agitación profunda. El versículo 33 también dice que Jesús estaba entristecido. El significado literal de entristecido es causar angustia emocional aguda. Es agitar o incluso temblar bajo la fuerza de la emoción. Aquí Jesús está tan alterado que Su cuerpo estaba temblando.

Ahora se encuentra cara a cara con el último enemigo, la muerte. Él estaba experimentando la caída del mundo que creó. Él vio lo que el pecado había hecho al destruir la vida. Ve dolor, sufrimiento, soledad, tristeza, incluso la muerte, y está molesto y enojado por su causa. Esto es lo que Jesús está experimentando. Y Él está respondiendo con fuerte emoción a los efectos devastadores del pecado. La segunda emoción está en el versículo 35 y la llamaremos. . .

Profunda Tristeza.

En los versículos 34 y 35, “y dijo: ¿Dónde lo pusisteis? Le dijeron: Señor, ven y ve. 35 Jesús lloró.” Esta palabra para “lloró” es diferente de la palabra usada por María y los otros dolientes en el versículo 33, ese fue un lamento exterior fuerte y muy público y ruidoso. Esta palabra, en contraste, tiene la connotación de estallar silenciosamente en lágrimas. No hay mayor demostración de la humanidad de Cristo. Era alguien que podía tener hambre, sed, dormir, comer, beber, hablar, caminar, estar cansado, sentir ira, regocijarse, y aquí llorar. El que es uno con el Padre, que es el Alfa y la Omega, el Primero y el Último, el Creador de todas las cosas, el Sustentador del universo, y sin embargo, Él mismo entra en el dolor humano y derrama lágrimas humanas. Esta es una verdad asombrosa.

Charles Spurgeon dijo: “Un Jesús que nunca lloró nunca podría limpiar mis lágrimas.” Nuestro Salvador es tierno con nosotros: puede ser tocado con nuestras debilidades y en nuestra mayor oscuridad podemos derramar nuestros corazones ante Él. No solo escucha nuestras oraciones, sino que también puede simpatizar con nosotros. Hebreos 4:14 a 16, “Teniendo, pues, un gran Sumo Sacerdote que trascendió los cielos, Jesús, el Hijo de Dios, retengamos nuestra fe. Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras flaquezas, sino uno que ha sido tentado en todo como nosotros, pero sin pecado. Por tanto, acerquémonos con confianza al trono de la gracia para que recibamos misericordia, y hallemos gracia para la ayuda oportuna.”

“Observemos cuidadosamente que nuestro Señor nunca cambia. No dejó atrás Su naturaleza humana cuando ascendió al cielo. En este momento, a la diestra de Dios, Él puede ser tocado con el sentimiento de nuestras enfermedades y puede entender las lágrimas tan bien como siempre. Nuestro gran Sumo Sacerdote es el mismo Amigo que nuestras almas necesitan, capaz de salvar como Dios, capaz de sentir como hombre.” (J.C. Ryle)

4. Jesús Corrobora Su Afirmación. Versículos 38 al 44

Está a punto de validar la afirmación que acaba de hacer. Él se mostrará como la resurrección levantando a Lázaro de la muerte. La orden de Jesús en el versículo 39 es corta y simple: “Quitad la piedra”, pero envía pánico al corazón de Marta. Ella no tiene idea de lo que está haciendo Jesús, y mira su respuesta: “Señor, ya hiede, porque hace cuatro días que murió.” La Reina Valera lo traduce: “Señor, hiede ya.” Los judíos colocaban especias y hierbas aromáticas en los cuerpos de los muertos en un esfuerzo por enmascarar el olor, algo así como el ambientador en tu automóvil. Pero después de cuatro días, el cuerpo ya comenzó a descomponerse. Pero Jesús prevalece y se quita la piedra.

Cuando estaba en la universidad, tenía el mejor trabajo que pude haber tenido: mesero en un elegante restaurante justo en el agua en Malibú, sirviendo a personas famosas. Un amigo me enseñó lo que se conoce como el transporte de tres dedos, balanceando una bandeja con siete platos y luego sosteniendo una botella. Es muy eficiente Pero de vez en cuando, se deja caer una bandeja de platos, ¿y qué sucede? La respuesta es abrumadora: literalmente puedes escuchar una caída de alfiler y todos los ojos se fijan instantáneamente en ti.

De la misma manera, todas estas personas están reunidas y ahora están paradas en silencio aturdido, esperando ver qué hará Jesús. Conocen Su reputación, y todos los ojos están fijos en Jesús, y lo que sucede después es asombroso. Él grita: “¡Lázaro, ven fuera!” en el versículo 43. El texto griego literalmente dice: “¡Lázaro! ¡Aquí! ¡Afuera!”

Apocalipsis 1:18 dice que tiene las llaves de la muerte y del Hades, y aquí, con poco más que una palabra, la tumba entregó a sus muertos. Se ha dicho que el poder del Señor es tan grande, que si no Se hubiera dirigido a Lázaro por su nombre, todos los muertos en todas las tumbas habrían salido. Y así, fuera de la oscuridad negra, Lázaro dio un paso adelante. Mira el versículo 44: “Y el que había muerto salió, los pies y las manos atados con vendas, y el rostro envuelto en un sudario.” ¡Y allí estaba, vivo!

“Jesús les dijo: Desatadlo, y dejadlo ir.” Y con eso, Juan cierra la cortina en la escena. No describe la reunión llorosa de Lázaro con Marta y María, ni las reacciones de asombro de la gente en la multitud. Tampoco informa sobre la experiencia de Lázaro después de su resurrección. Todo eso habría restado valor a sus razones para contar este milagro: que el Señor Jesucristo podría ser glorificado y que los lectores del evangelio de Juan pudieran creer que Jesús es quien dijo ser.

Y así, hay pruebas innegables de que Él tiene poder sobre el pecado y sobre la muerte. Él es quien dijo ser. El gran Yo Soy, vestido de carne humana. La resurrección de Lázaro fue un anticipo de Su propia muerte y resurrección y, en última instancia, sirve como anticipo de la resurrección de todos los creyentes en el futuro.

5. Jesús Se Para como una Horquilla en el Camino. Versículos 45 al 53

Hay dos respuestas a este milagro en el texto y creo que también se aplican a nosotros, dos formas de responder a Jesús.

Creer

 Versículo 45, “Por esto muchos de los judíos que habían venido a ver a María, y vieron lo que Jesús había hecho, creyeron en Él.” Que gran respuesta es reconocer que, como Lázaro, estás muerto, sin vida, y necesitas ayuda divina. Es poner tu fe plenamente en Cristo y confiar en Él para la salvación. Es decir como Marta, “¡Señor, creo!” Este es el corazón blando de la fe que no oculta nada del Señor, sino que confía en Él como el ancla en medio de las tormentas de la vida y de la muerte. Es el que ha visto su propia mortalidad, su esclavitud bajo el pecado, el juicio de Dios que espera, y clama por ayuda. Reconociendo que por sí solos, no pueden conquistar la muerte, y por eso confían en que ese día, Jesús los conducirá de manera segura a través del río frío de la muerte y los entregará al otro lado. Él solo enfrentó la muerte y la conquistó, y solo Él puede resucitarnos a la novedad de la vida. Pero hay otra respuesta. . .

Rechazar

Versículo 46, “Pero algunos de ellos fueron a los fariseos y les contaron lo que Jesús había hecho.” Esto es difícil de entender. Habiendo visto a un hombre resucitado de entre los muertos, volvieron a los fariseos e informaron sobre el milagro. Vieron el poder de Dios claramente demostrado y endurecieron sus corazones y lo rechazaron, ¿por qué? Mira los versículos 47 y 48. “¿Qué hacemos? Porque este hombre hace muchas señales. Si le dejamos seguir así, todos van a creer en Él, y los romanos vendrán y nos quitarán nuestro lugar y nuestra nación.”

No querían renunciar a sus derechos ni a sus libertades. No querían someterse al Rey. En cambio, lo rechazarían. Vieron a Dios, escucharon Su afirmación de deidad, fueron testigos de un hombre que regresó de entre los muertos y luego se alejaron de eso sin verse afectados. No, no se marcharon sin verse afectados. Se alejaron endurecidos, desafiantes. Eligieron rechazar. Mira el versículo 53. “Así que, desde ese día planearon entre sí para matarle.” Vaya, no querían nada que ver con Él. Ellos lo querían muerto. Qué triste.

Amigo, ¿y tú? Su oferta se mantiene. Él es la resurrección y la vida. A todos los que vengan a Él en fe, les concede la vida eterna. Puedes elegir creer o puedes rechazar. Jesús se para como una horquilla en el camino. ¿Qué harás? Vas a morir. Tómate un momento para dejar que eso decantare. Una mañana saldrá el sol y no lo verás. Las aves saludarán el nuevo día con sus canciones y no las escucharás. Tus amigos y familiares se reunirán para celebrar tu vida y luego pondrán tu cuerpo en el suelo. El mundo se detendrá brevemente para recordarte, pero luego continuará sin ti. Espero que en ese día, el gran enemigo sea silenciado porque Cristo está en ti y tú has resucitado a la vida en Él. Oremos.

About Shawn Farrell

Shawn leads the college ministry and serves as an elder at Faith Bible Church

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